¿Cuáles son los ejemplos más absurdos de despido por causas disciplinarias?

El despido por causas disciplinarias y sus ejemplos más torticeros

El mundo es un lugar cada vez más enloquecido. No hay más que abrir los periódicos por cualquier página; el efecto se nota incluso las que antaño estaban dedicadas a los temas más serios. Lo preocupante es que a veces este tipo de situaciones dantescas afectan también al mundo del trabajo. ¿Quieres conocer algunos de los casos de despidos por causas disciplinarias más llamativos?

¿Qué es el despido por causas disciplinarias?

El despido por causas disciplinarias está sujeto a una serie de circunstancias y motivos para su interpretación objetiva. Se trata del tipo de terminación del contrato que encuentra una justificación por razones lógicas. Si se cumplen alguno de los siguientes requisitos, y no es posible reclamar y demostrar lo contrario ante un tribunal, nos hallaremos ante un caso de despido disciplinario.

Asistencia

La razón más fácil de demostrar para alegar causas disciplinarias es el absentismo laboral. No se cuenta con ningún protocolo ni canon detallado sobre cuántas faltas injustificadas son necesarias para argumentar debidamente un despido, pero comúnmente se entiende que a partir de tres ausencias mensuales se incurre en causa de disolución.

Agresiones

Como es natural, las agresiones físicas y verbales a otros compañeros de trabajo (o a los jefes) son constitutivas de despido disciplinario. Es cierto que algunos trabajos resultan muy estresantes, pero los límites de la falta de respeto son claros. A los tribunales se han llevado ya numerosos casos de este tipo, por excéntrico y exagerado que parezca.

Alcohol y drogas

Acudir en estado de ebriedad o bajo los efectos de algún narcótico ilegal al puesto de trabajo puede ser constitutivo de despido disciplinario, si bien dependerá del trabajo concreto y sus circunstancias. En algunos casos, no se procede al despido directo, sino que se suspende temporalmente al empleado y se le guía de cara a un proceso de rehabilitación.

Desobediencia

Este motivo concreto resulta bastante complejo, ya que no es fácil demostrar que un empleado se ha negado de manera tajante a ejecutar una orden que le venía dada desde la cadena de mando. Además, el Estatuto de los Trabajadores ampara a los empleados de cara a oponerse a realizar tareas secundarias que supongan un perjuicio para sus cometidos principales o que sean, directamente, ilegales.

Pereza

La haraganería, la vagancia, la molicie. Conceptos difíciles de probar, pero claramente fáciles de detectar en un ambiente laboral. Si el rendimiento de un trabajador baja de forma drástica por acomodamiento o inacción, hay motivo para su despido disciplinario.

Engaños

Si un trabajador abusa o transgrede la buena fe contractual y termina engañando o mintiendo de forma deliberada y sibilina a su jefe, estará abriéndose la puerta a sí mismo…

Los casos más absurdos

Sabemos que el tabaco es perjudicial para la salud. Pero ¿y para el trabajo? En España, hay sentencias que confirman un despido como disciplinario por fumar en el ámbito laboral; y especialmente en el baño. Fumar es doblemente peligroso, por tanto. El cigarrillo te quita la vida y el trabajo.

Pero no es el único caso absurdo que se da con frecuencia en la realidad laboral española. En un reportaje de la revista Playground, un empleado reconocía que un compañero suyo había sido despedido por irse un día media hora antes del trabajo. Cuando el jefe le preguntó la razón, éste contestó que el día anterior se había quedado media hora más en su puesto. “Un día por otro”, argumentaba. Pero el empleador le pidió educada aunque tal vez despóticamente que no volviera.

La lógica más elemental (e incluso infantil, en el caso que veíamos antes) no siempre se aplica en el derecho laboral. Todo lo que no esté sujeto a convenio, puede ser motivo de disputa entre empleados y empleadores. El despido disciplinario es un concepto correoso y muy discutible que da siempre pie a todo tipo de debates jurídicos. En algunas ocasiones, incluso los jueces han llegado a disentir sobre la figura de la agresión. En 2016, la Sala de lo social de la ciudad de Sevilla, por ejemplo, anuló el despido disciplinario de un trabajador que había agredido a su compañero. ¿El argumento? Que el empleado había sido víctima de bromas de mal gusto por parte del otro trabajador, por lo que la pelea estaba, hasta cierto punto, justificada.

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