¿Tenemos privacidad real en las redes sociales?

Abogados en Internet para garantizar tu privacidad

Una de las redes sociales más utilizadas, Whatsapp, ha puesto en marcha una nueva actualización referente a su privacidad. Con ella, se ha puesto en marcha el cifrado de mensajes de extremo a extremo, según la cual nadie (salvo los receptores) pueden interceptar ni leer los mensajes, ni siquiera el propio Whatsapp. Esto viene a solucionar uno de los mayores motivos de reclamaciones contra la app de mensajería instantánea, que siempre ha recibido quejas por su falta de privacidad.

Sin embargo, y a pesar de que teóricamente este cifrado impide a terceras personas leer nuestros mensajes, existen datos, como el número de teléfono, que no pasarán desapercibidos a los hackers, por lo que nunca tendremos una privacidad total en las redes sociales.

Menos privacidad de la que puede parecer

Seguro que muchas personas, al leer esto, pensarán que ellos tienen sus redes sociales totalmente privatizadas. Pensarán que sus fotos en Facebook solo las ven sus amigos, que nadie puede retuitear sus publicaciones en Twitter; o que nadie puede enviarle mensajes a través de Whatsapp sin consentimiento. Pero una vez más, nos equivocamos.

Desde el primer momento en el que nos creamos un perfil en alguna de las redes sociales, estamos aceptando tener un perfil público que, en mayor o menor medida, será visible para cualquier persona. Nuestras fotos, publicaciones y contenido en general pasa a ser propiedad de esa red en concreto, algo especificado en los términos de privacidad. Es por ello que, tecleando nuestro nombre en buscadores como Google, puede aparecer nuestro perfil.

¿Qué podemos hacer para aumentar nuestra privacidad en redes sociales?

Cada una de las redes sociales cuenta con diferentes sistemas de seguridad para ayudarnos a preservar nuestra intimidad. Algunas de las formas y trucos para aumentar nuestra privacidad en internet son:

  • No poner, en la medida de lo posible, datos personales que nos puedan comprometer, tales como números de teléfono, números de tarjetas y cuentas bancarias o datos fiscales.
  • No subir a la red fotos o comentarios comprometidos que puedan dañar nuestra imagen pública.
  • Configurar correctamente los parámetros de privacidad de cada una de las redes sociales de forma independiente. Debemos analizar el uso que queremos darle a esa red para saber qué tipo de cosas queremos compartir y hacia qué tipo de público, segmentando la información.
  • Cambiar nuestras contraseñas de forma más o menos continua para evitar que terceras personas puedan acceder a nuestra cuenta. En este sentido, podemos utilizar conexiones cifradas mediante códigos para aumentar nuestra seguridad.
  • Controlar las sesiones activas.
  • No dar pistas sobre nuestra ubicación, ni mucho menos, decirla abiertamente.
  • Aceptar solo peticiones y mensajes de personas conocidas.
  • En redes sociales de mensajería instantánea como Whatsapp, podemos seleccionar quiénes queremos que vean nuestra foto de perfil, la hora de la última conexión o las confirmaciones de lectura de los mensajes (doble check azul). O si lo preferimos, privatizarlo totalmente para que nadie siga nuestros pasos.

Aunque la mayoría de estas recomendaciones, por no decir todas, son de sobra conocidas por los usuarios de las redes sociales, nunca está de más recordarlas, ya que siempre hay que tenerlas en cuenta a la hora de configurar nuestra privacidad en internet y evitar sustos innecesarios.

¿Y qué ocurre si alguien difunde datos privados en internet sin consentimiento?

Una de las cosas que más preocupan a los usuarios de las redes sociales es el hecho de que se pueda producir un uso o distribución indebida de sus datos o imágenes. Hay ocasiones en las que todo queda en una simple anécdota de un amigo que ha subido una foto indebida en su perfil. En este caso se suele llegar a un acuerdo con esa persona para que la borre, o en el peor de los casos, denunciarla a la propia página para que la elimine.

Sin embargo, todo se agrava cuando esas imágenes o datos indebidos se propagan por la red. Se han dado muchos casos en los que grabaciones de vídeo o fotos privadas han terminado en internet sin nuestro consentimiento. Ante esto, lo mejor es denunciar ante la policía, ya que se trata de un delito que atenta contra el derecho a la intimidad de la persona, y que está tipificado en el artículo 197 del Código Penal, y está penado con hasta dos años de prisión.

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